Esta desvalorización de las mujeres conduce también a que se presenten situaciones de violencia en el noviazgo, primordialmente, pero no exclusivamente, de hombres hacia mujeres.

La autopercepción desde esta posición crítica ante los roles tradicionales de género permitirá a las y los jóvenes reconocer y manejar sus emociones con mayor confianza y plenitud. Una postura similar se debe adoptar ante otras situaciones que enfrentan los jóvenes como la falta de oportunidades de educación y empleo, la naturalización de la violencia o el incremento de la oferta de drogas y de opciones para involucrase en trabajos vinculados con actividades criminales.

Éstas y otras situaciones requieren que las y los jóvenes asuman una postura crítica y desplieguen capacidades como la autorregulación, la resiliencia o la perseverancia para alcanzar las metas autoimpuestas. Por ejemplo: una postura crítica ante la naturalización de la violencia que se vive de manera cotidiana y se reafirma en los contenidos transmitidos por los medios de comunicación, debe ser fomentada por los docentes y la escuela en general, poniendo al descubierto la forma en que se conciben, se representan y se valoran distintos roles de género, así como la forma en que se transmiten y naturalizan las respuestas iracundas y violentas en las relaciones interpersonales, por ejemplo, en las series televisivas y los programas informativos. Esta cultura de la violencia influye en la manera como las personas manejan las emociones, el estrés y los conflictos interpersonales.