El desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación en un mundo globalizado, en el que prevalecen aún condiciones de injusticia y desigualdad, colocan en el centro de la educación socioemocional la responsabilidad ética de contribuir a formar seres humanos que no sólo busquen su bienestar personal, sino que tengan actitudes prosociales, así como un elevado compromiso social orientado al bienestar común, a la defensa de los derechos humanos y a la construcción de mejores sociedades.

La formación que se ofrece en la escuela y en las familias puede ser un contrapeso frente a la influencia de otras instancias de socialización que influyen en la construcción de las identidades, las creencias, las valoraciones y los modos de interacción de la población, particularmente de la infantil y juvenil, como pueden ser la televisión, el radio, los videojuegos y en los últimos tiempos, las redes sociales.